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A las 3 de la mañana. Metido en el saco de dormir, te cuesta abrir los ojos mientras el reloj te recuerda tu deber: despertarte, comer un poco y encender la linterna frontal: la escalada del Cervin no puede esperar.
En el Matterhorn, tienes que ser el primero en llegar a la cima.
Lanza los dados, vuelve a lanzarlos, pero detente en el momento justo si no quieres perder tu turno.